Yan Lianke: «En un país regido por un Gran Hermano, cualquier cosa es normal»
Aspirante al Nobel, el retratista más certero de la China contemporánea publica en español 'Duro como el agua', un destructivo romance comunista que narra con el lenguaje de la propaganda la locura de la Revolución Cultural
China, tierra fecunda para el español

En China, la realidad supera a la ficción. Por eso, a sus escritores no les hace falta el 'realismo mágico' hispanoamericano para deslumbrar a sus lectores, ni el surrealismo absurdo de Kafka para angustiarlos, ni el 'Gran Hermano' de Orwell ... para aterrarlos con distopías cada vez más posibles. Les basta con plasmar sus propios recuerdos, como ha hecho Yan Lianke con su última novela publicada en español, 'Duro como el agua', que acaba de presentar en la Feria del Libro y ha puesto a la venta Automática Editorial.
Nacido en Henan en 1958, Yan Lianke es uno de los más agudos retratistas de la China contemporánea. Así lo demuestran títulos imprescindibles como 'Los cuatro libros', sobre la hambruna del 'Gran Salto Adelante' (1958-61); 'Crónica de una explosión', sobre el desarrollismo de la reforma y apertura; o 'El sueño de la aldea Ding', sobre la epidemia de sida que desató el escándalo de la venta de sangre en su provincia natal en los años 90. Ganador de premios tan prestigiosos como el Franz Kafka y el Lu Xun de China, ha sido finalista en dos ocasiones del Man Booker International y propuesto para el Nobel de Literatura y el Príncipe de Asturias.
Combinando su particular 'realismo espiritual' con el lenguaje de la propaganda política, en 'Duro como el agua' narra un apasionado y destructivo romance comunista que le sirve para documentar los desmanes de la 'Revolución Cultural' (1966-76) y firmar un libro que podría ser considerado el '1984' de China.
- ¿Cuáles son sus recuerdos de la Revolución Cultural y cuál era su intención con este libro, que publicó en China en 2001?
- La Revolución Cultural no es un recuerdo. Para quienes nacimos entre los años 50 y 60 en China, forma parte de nuestra vida y es seguramente la experiencia más intensa y dura que hemos tenido. Las novelas nos ayudan a registrar la memoria y, por ese motivo, el recuerdo de la Revolución Cultural ha dado lugar a muchas obras literarias. Este libro lo escribí en el año 2000. En aquella época, mi principal objetivo era utilizar el lenguaje de la Revolución Cultural para escribir una novela. De hecho, lo más importante de esta novela es su lenguaje por encima de los personajes o la trama. La lengua revolucionaria de China es seguramente una de las más particulares que hay en el mundo. Es un lenguaje que conlleva poder y control. Para conocer bien algo, la política o el poder en cualquier aspecto, lo importante es saber bien su lenguaje. Dicho en otras palabras, el lenguaje es poder. La relación que existe en el lenguaje es de control. Por eso, desde muy pronto, abrigaba esta idea de escribir una novela que reflejara el lenguaje de la Revolución Cultural. Además, la traducción ha sido muy buena y eso tenemos que agradecérselo a Belén Cuadra (quien nos ayuda como intérprete en esta entrevista).
- Además de recordarme a Kafka, este libro me parece el '1984' de China.
- Le agradezco que lo haya leído con tanto detalle. Pero no pensé en esas obras cuando estaba escribiendo esta novela, sino en lo que recuerdo de cuando crecí durante la Revolución Cultural y luego cuando, a partir de los 20 años, entré en el ejército y me encargaba de escribir documentos de propaganda y discursos para los altos cargos. Ese lenguaje de la Revolución Cultural lo tenía muy interiorizado porque he estado muy en contacto con él. Pero, en realidad, el hecho de utilizar esta historia para reflejar ese lenguaje fue algo casual. En el ejército, tuve oportunidad de leer expedientes de la Revolución Cultural. Entre ellos, el de un jefe de cocina que idolatraba a Mao Zedong. Como muchos otros jóvenes entre 1966 y 1967, fue a verlo en la plaza de Tiananmen en tren desde Zhengzhou, capital de Henan. A su lado iba sentada otra joven revolucionaria, con la que no intercambió ni una palabra. A su vuelta de Pekín, también estuvieron en silencio todo el trayecto. Pero, nada más llegar a Henan, se bajaron del tren cogidos de la mano y se escondieron en un maizal para hacer el amor… ¡sin haberse dicho nada en todo el viaje! Poco después, el jefe de cocina fue detenido porque se habían perdido unos cupones de racionamiento para comprar comida. Cuando le interrogaron, lo que acabó confesando fue esta relación con esa joven. Después de leer esta historia, me inspiró de inmediato para escribir 'Duro como el agua'. Los dos personajes protagonistas de la novela se basan en esa historia y, por eso, al principio del libro se conocen en unas vías del tren. Ese el origen de la novela.
«La lengua revolucionaria de China es seguramente una de las más particulares que hay en el mundo. Es un lenguaje que conlleva poder y control. Dicho con otras palabras, el lenguaje es poder»
- Debido a su alto contenido político, ¿qué problemas ha tenido este libro en China? ¿Cómo está la censura ahora en su país y qué dificultades sufren los escritores para publicar sus obras?
- La escritura y publicación de este libro no atravesaron grandes problemas. Fue publicado por una editorial de la provincia de Hubei, que lanzó 50.000 ejemplares, una tirada considerable. Cuando se publicó, a la gente le chocó por su lenguaje, con el que estaban perfectamente familiarizados, pero sorprendió que pudiera utilizarse para escribir una obra literaria. En esa época, había muchos altos cargos ya jubilados que trabajaban como censores. Algunos consideraron que este libro era un escándalo, por el contenido erótico y también por la forma en que abordaba la revolución. Pero el director de la editorial tiró de 'guanxi' ('contactos') e invitó a mucha gente a comer para acallar la polémica. Finalmente, se permitió que el libro siguiera vendiéndose pero sin hacer mucha publicidad. Además, se ha reeditado varias veces, pero ya no. Ahora creo que no escribiría una novela como esta. No solo por las circunstancias del momento, sino porque entonces tenía 40 años y ahora 60.
- Pero si la escribiera, o si hubiera otros autores que lo hicieran, ¿un libro como este se podría publicar en la China de hoy?
- Seguro que no. Por eso, tengo la suerte de haber publicado esta novela en el momento en que la escribí.
- ¿Y cuánto hay de realidad en este libro, porque se narran auténticas barbaridades de los Guardias Rojos…?
- Todo lo que se cuenta en la novela es ficticio, pero también hay una verdad interna en la narración.
«El editor tiró de 'guanxi' ('contactos') e invitó a mucha gente a comer para acallar la polémica por este libro. Finalmente, se permitió su venta, pero sin hacer mucha publicidad. Ahora no podría escribir una novela como esta»
- ¿Cómo es posible que pudieran ocurrir atrocidades como la 'Revolución Cultural' o el 'Gran Salto Adelante'? ¿Qué le pasó durante aquellos años al pueblo chino, especialmente a los jóvenes y a sus dirigentes?
- No soy historiador ni sociólogo y para mí es muy difícil explicar cómo pudieron suceder estos movimientos políticos uno detrás de otro. Pero los pueblos que han atravesado grandes calamidades de este tipo han estado siempre gobernados por dictaduras o regímenes totalitarios. Hace un momento, usted ha mencionado el libro '1984' de Orwell. En un país regido por un 'Gran Hermano', cualquier cosa es normal. De un sistema así, se puede esperar cualquier cosa. Este es el motivo por el que '1984' sigue atrayendo hoy tanto a los lectores. En mi opinión, no es solo una gran obra literaria, sino también sociológica.
- En una sociedad confuciana en la que prima la 'piedad filial' y el respeto a los mayores, ¿qué efectos ha tenido la Revolución Cultural en generaciones posteriores y cómo han cambiado las propias relaciones familiares de los chinos, porque hubo incluso padres denunciados por sus hijos?
- La Revolución Cultural rompió la larga tradición confuciana de China. Durante aquella época desaparecieron las relaciones personales, incluidas las familiares. Las únicas relaciones que se mantuvieron fueron las de clase. Cualquier otra relación que no fuera de clase no merecía la pena, no era importante. Durante la Revolución Cultural, era normal que las esposas denunciaran a sus maridos y los hijos a sus padres. Ocurrieron cosas que hoy en día son impensables y rompieron las relaciones interpersonales. Cuando las relaciones personales de un país se miden por la política, cuando la política dicta las relaciones personales, este país está en peligro. Si la elección de un líder político acaba afectando a las relaciones de los miembros de una familia, eso no es normal.
- Por desgracia, está ocurriendo cada vez más y en más sitios.
- Si las relaciones familiares se ven dañadas por un ideal o un partido, la política ha llegado a niveles nocivos.
«Durante la Revolución Cultural desaparecieron las relaciones personales, incluidas las familiares. Las únicas relaciones que se mantuvieron fueron las de clase»
- ¿Qué queda de la Revolución Cultural en la China de hoy?
- Los daños que ocasionó la Revolución Cultural no han desaparecido del todo en China. Por ejemplo, se magnifican cuestiones pequeñas, se llama de forma despectiva 'capitalistas' a quienes quieren ganar dinero o se acusa de espía a quien ensalza una figura estadounidense o japonesa. Toda esta forma de pensar viene de la Revolución Cultural, que sigue influyendo en la historia y la vida de los chinos.
- ¿Qué imagen se tiene de aquellos años? Me parece que antes había una visión más crítica con los desmanes de la Revolución Cultural y que eso ha cambiado con Xi Jinping, quien recuerda con cariño los años en que, como estudiante, fue enviado a trabajar en el campo para reeducarse.
- Los jóvenes no tienen una imagen muy viva de la Revolución Cultural. La postura política entre los jóvenes suele dividirse entre ser patriota o no. En realidad, este tipo de postura política también tiene su origen en la Revolución Cultural. Creo que eliminar esta influencia de la Revolución Cultural en el pensamiento chino es una de las tareas más difíciles, pero también más importantes, que se deben hacer. Para la gente nacida en los años 50 y 60, su memoria es muy viva de cuando se pasaban el día cantando himnos comunistas. De aquella época, se reconoce como algo bueno que había más igualdad social y no había corrupción. Pero es que, en realidad, en aquel entonces todo el mundo era pobre. Por eso no se puede hablar de justicia. Hoy en día hay gente que tiene algo de dinero, pero otros son multimillonarios. Mucha gente utiliza este baremo para mirar esa época con nostalgia.
«De aquella época, se reconoce como algo bueno que había más igualdad y no había corrupción. Pero es que, en realidad, en aquel entonces todo el mundo era pobre»
- ¿Qué es más peligrosa: la pasión revolucionaria o la amorosa? ¿Y por qué los más altos ideales acaban convirtiéndose en las mayores atrocidades?
- La pasión más peligrosa es la revolucionaria. Todos los chinos piensan en la utopía. Pero, para hacerla realidad, hay que pagar un precio muy alto. Desde 1949, los chinos querían vivir en una utopía y llegar al socialismo. Eso incluye los 40 años de apertura y reforma, que son también una utopía. Por ejemplo, en China la gente está todo el día diciendo que somos la segunda economía del mundo. Pero esto es otra utopía. Somos la segunda potencia mundial, pero tenemos 1.400 millones de personas. ¿A cuánto ascienden la riqueza per cápita del país? Los chinos están siempre persiguiendo utopías.
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